Un libro pequeño pero muy poderoso!

Quería compartir este bello libro que es legado de la humanidad, lo que significa que es de acceso público y nadie tiene los derechos de autor sobre él ya que me ha ayudado a mi personalmente y lo hemos estudiado con muchos de mis clientes con excelentes resultados también.

Es corto y en él está contenida toda la sabiduría para lograr lo que uno se proponga.

Es importante comprender que es un libro escrito a inicios del siglo 20 por lo que algunas cosas de las que habla hay que comprenderlas desde ese contexto.

Espero que lo disfruten.

Donald Vega.

Índice
Prefacio ……………………………,,………………………………….………2
1. El orden de la visualización. . .………………………………………..4
2. Cómo atraer las cosas que deseas…………………………………..6
3. La relación entre la forma mental y la forma física………. .…. . .9
4. El funcionamiento de tu imagen mental ………………………….11
5. Expresiones de los principiantes………………………………………16
6. Sugerencias para crear tu imagen mental…………….……………18
7. Cosas que hay que recordar……………………………………………20
8. Por qué me dediqué a estudiar la ciencia mental……………..…22
9. Cómo atraje veinte mil dólares…………………………………………25
10.Cómo me convertí en la única alumna personal
del más grande científico mental de la actualidad….……………29
11.Cómo llevar el poder de tu palabra a la acción…………………. 35
12.Cómo incrementar tu fe……………………………………..……………36
13. La recompensa de la fe creciente………………………..……….……37
14. Cómo hacer que la naturaleza te responda…………..……………38
15. La fe con obras. Lo que ha conseguido………………..……………39
16.Sugerencias sobre cómo rezar o pedir creyendo
que ya has recibido………………………………………….……………..42
Pensar científico. Pensamiento positivo………………………42
Oración científica……………………………………….……………42
Hacerse rico a través de la creación………….………………..43
Elegir la oración………………………………………………………44
Consejos para la aplicación y la práctica…………. ..45
17. Cosas que debes recordar………………………………….…………..46

PREFACIO
Estas páginas fueron escritas con el propósito y la esperanza de que sus sugerencias
puedan proporcionarte la llave que te abra el camino para hacer realidad tus deseos, y
para explicarte que el miedo debería ser desterrado del todo de tus esfuerzos por
obtener la posesión de las cosas que deseas. Esto presupone, por supuesto, que tu
deseo de posesión se basa en tu aspiración a una mayor libertad. Sientes, por
ejemplo, que la posesión de más dinero, tierras o amigos te hará más feliz, y tu deseo
de poseer esas cosas surge de la convicción de que poseerlas te dará libertad y
felicidad.
En tu esfuerzo por poseer, descubrirás que lo que más necesitas es «ser» siempre (no
intermitentemente) tu mejor yo -ese yo que entiende que los errores de tus seres
queridos son simplemente equivocaciones-. Tu sensación de que tener más
posesiones, del tipo que sean, te dará satisfacción y felicidad, es errónea. Ninguna
persona, lugar o cosa puede darte la felicidad. Pueden darte un motivo para la
felicidad y una sensación de satisfacción, pero la alegría de vivir proviene de tu
interior. Por lo tanto, aquí se te recomienda que hagas el esfuerzo de obtener aquellas
cosas que crees que te darán alegría, y no otra cosa, siempre y cuando, como dijimos
antes, tus deseos estén de acuerdo con la alegría de vivir.
En este volumen, también se quiere sugerir las posibilidades que le aguardan a
quien realiza un esfuerzo persistente por comprender la ley de visualización y hace
una aplicación práctica de esos conocimientos en el plano en que él o ella se
encuentra. La palabra «esfuerzo», tal como se emplea aquí, no pretende transmitir la
idea de tensión. Todos los estudios y meditaciones deben realizarse sin tensión o
estrés.
He procurado mostrar que, si uno empieza desde el principio de la acción creativa o
la imagen mental, está garantizado que a continuación llegarán ciertos resultados
correspondientes. «Aunque las leyes del universo no pueden ser modificadas, se
puede hacer que trabajen en condiciones específicas, produciendo unos resultados
para el avance individual que no pueden ser obtenidos bajo el funcionamiento
espontáneo de la ley proporcionado por la naturaleza.»
Por muy lejos de tus experiencias pasadas que te puedan llevar las sugerencias
que te he dado sobre las posibilidades que te aguardan al visualizar, en ningún caso
rompen la continuidad de la ley de causa y efecto.
Si, a través de las sugerencias dadas aquí, alguien llega a darse cuenta de que su
mente es el centro a través del cual, y en el cual, opera «todo el poder que hay», el
cual simplemente está esperando que se le indique la única manera en que puede
realizar una acción específica (y esto significa reacción en una forma concreta o física),
entonces este libro habrá cumplido su misión.

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Intenta recordar que la imagen que piensas, sientes y ves se refleja en la Mente
Universal y que, por la ley natural de la acción recíproca, debe regresar a ti en una
forma espiritual o física. El conocimiento de esta ley de la acción recíproca entre el
individuo y la Mente Universal te da libre acceso a todo lo que deseas poseer o ser.
Hay que tener presente firmemente que todo esto sólo puede ser cierto para la
persona que reconoce que su poder para crear una imagen mental permanente
proviene del espíritu universal de la vida que todo lo crea (Dios), y que puede usarse
de una forma constructiva únicamente si se emplea y se retiene en armonía con la
naturaleza del espíritu que lo creó. Para garantizar esto, no debe haber ninguna
inversión del pensamiento de la persona acerca de su relación con este espíritu
creador universal, que es la de un hijo o una hija, a través de la cual la mente del
padre actúa y reacciona.
Condicionado de esta manera, cualquier cosa que pienses o sientas que eres, será
reproducida fielmente por el espíritu creador de la vida en una reacción
correspondiente. Éste es el principal motivo por el cual debes imaginarte a ti mismo y
a tus asuntos tal como quieres que sean, como realidades existentes (aunque sean
invisibles para el ojo físico), y vivir dentro de tu imagen. Un esfuerzo honesto por hacer
esto, reconociendo siempre que tu mente es una proyección del espíritu creador, te
demostrará que lo mejor que existe es tuyo, en todos tus caminos.
Septiembre de 1921

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Capítulo I
El orden de la visualización
El ejercicio de la facultad de visualizar mantiene a tu mente en orden y atrae hacia ti
las cosas que necesitas para hacerte la vida más agradable de una forma ordenada.
Si te entrenas en la práctica de imaginar deliberadamente tu deseo y examinarlo
detenidamente, pronto descubrirás que tus pensamientos y deseos llegan y se
desarrollan de una forma más ordenada que antes. Cuando has alcanzado un estado
de mentalidad ordenada, ya no estás en un continuo estado de prisa mental. La prisa
es miedo y, en consecuencia, es destructiva.
En otras palabras, cuando tu entendimiento comprende el poder que hay en el acto
de visualizar lo que tu corazón desea y retenerlo con tu voluntad, entonces atrae hacia
ti todas las cosas necesarias para la realización de esa imagen mediante las
vibraciones armoniosas de la ley de atracción. Te das cuenta de que, puesto que el
orden es la primera ley del cielo, y la visualización coloca las cosas en su elemento
natural, entonces visualizar debe de ser algo celestial.
Todo el mundo visualiza, tanto si sabe que lo hace como si no lo sabe. Visualizar es
el gran secreto del éxito. El uso consciente de este gran poder atrae hacia ti recursos
enormemente multiplicados, intensifica tu sabiduría y te permite hacer uso de ventajas
que antes eras incapaz de reconocer.
Ahora podemos volar por el aire, no porque alguien haya sido capaz de cambiar las
leyes de la naturaleza, sino porque el inventor de la máquina que vuela aprendió a
aplicar las leyes de la naturaleza y, haciendo un uso ordenado de ellas, produjo el
resultado deseado. Hasta ahora, en lo que a las fuerzas naturales se refiere, nada ha
cambiado desde el principio. En el «año uno» no había aviones, porque los de esa
generación no podían concebir esa idea como una posibilidad práctica factible.
«Todavía no se ha hecho», era el argumento, «y no puede hacerse». Sin embargo, las
leyes y los materiales para las máquinas voladoras prácticas existían antes igual que
existen ahora.
Troward nos dice que la gran lección que aprendió del avión y la telegrafía
inalámbrica es el triunfo del principio sobre el precedente, y el trabajar una idea hasta
su conclusión lógica a pesar de los testimonios acumulados de todas las experiencias
anteriores.
Teniendo ante ti tal ejemplo, ¿no te das cuenta de que secretos aún más grandes
pueden ser revelados? ¿Y que, además, tienes en tu interior la llave que abre la
cámara secreta que contiene lo que más deseas? Lo único necesario para que puedas
usar esa llave y hacer que tu vida sea exactamente como tú quieres que sea es una
cuidadosa investigación de las causas invisibles que están detrás de todos los estados

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externos y visibles. Luego debes llevar esas causas invisibles a la armonía con tus
ideas y descubrirás que puedes convertir las posibilidades que actualmente te parecen
sólo sueños fantásticos en realidades prácticas que funcionan.
Todos sabemos que el globo fue el antecesor del avión. En 1766, Henry
Cavendish, un noble inglés, demostró que el gas hidrógeno era siete veces más ligero
que el aire de la atmósfera. A partir de ese descubrimiento se creó el globo, y a partir
del globo corriente se desarrolló el dirigible, un aeróstato con forma de puro. El estudio
de la aeronáutica y de las leyes de la locomoción aérea de las aves y los proyectiles
llevó a la creencia de que se podía desarrollar un mecanismo con el cual se podía
conseguir que máquinas más pesadas que el aire viajaran de un lugar a otro y se
mantuvieran en el aire a una velocidad que superase la ley de la gravedad mediante
una fuerza propulsora.
Muchos se mofaron del profesor Langley, de Washington, quien desarrolló gran
parte de una teoría que luego otros mejorarían, cuando éste consiguió que un modelo
de avión levantara vuelo sólo para acabar hundiendo su nariz en las fangosas aguas
del Potomac. Pero los hermanos Wright, que realizaron experimentos a finales del
siglo XIX, percibieron la posibilidad de viajar por el aire en una máquina que no tuviera
ninguna bolsa de gas. Se vieron disfrutando de esta forma de transporte con gran
facilidad. Dicen que uno de los hermanos le decía al otro (cuando sus variados
experimentos no salían como ellos esperaban): «No pasa nada, hermano. Puedo
verme montado en esa máquina, que viaja fácilmente y con estabilidad». Esos
hermanos Wright sabían lo que querían y mantenían sus imágenes constantemente
ante ellos.
Al visualizar, o crear una imagen mental, no estás procurando cambiar las leyes de
la naturaleza. Estás cumpliendo con ellas. Tu objetivo al visualizar es llevar las cosas a
un orden normal, tanto mental como físicamente. Cuando te das cuenta de que este
método para emplear tu poder creador comporta la realización material práctica las
cosas que deseas, una tras otra, tu confianza en la misteriosa pero infalible ley de la
atracción, que tiene su estación central de poder en el corazón mismo de tu
palabra/imagen, se vuelve suprema. Nada puede hacerla flaquear. Nunca sientes que
es necesario quitarle nada a nadie. Has aprendido que el pedir y el buscar tienen
como correlativos el recibir y el hallar. Sabes que lo único que tienes que hacer es
conseguir que la sustancia plástica del universo empiece a fluir hacia los moldes de
pensamiento que tu imagen-deseo ofrece.

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Capítulo 2
Como atraer las cosas que deseas
El poder que está dentro de ti, que te permite formar una imagen mental, es el punto
de partida de todo lo que existe. En su estado original, es la sustancia indiferenciada e
informe de la vida. Tu imagen mental forma el molde (por así decirlo) en el que esta
sustancia informe tomará forma. Visualizar o ver mentalmente las cosas y las
condiciones tal como quieres que sean es el poder condensador, especializador, que
está en ti y que podría ilustrarse como la lente de un proyector. El proyector es uno de
los mejores símbolos de esta facultad de imaginar. Ilustra el funcionamiento del
espíritu creador en el plano de la iniciativa y la selección (o en su forma concentrada
especializadora) de una forma sumamente clara.
Esta diapositiva de una imagen ilustra tu propia imagen mental —invisible en
el proyector de tu mente hasta que enciendes la luz de tu voluntad—. Es decir,
enciendes tu deseo con la fe absoluta de que el espíritu creador de la vida, en ti, está
haciendo el trabajo. Mediante el fluir continuo de la luz de la voluntad en el espíritu, la
imagen deseada es proyectada en la pantalla del mundo físico: una reproducción
exacta de la diapositiva que está en tu mente.
Visualizar sin una voluntad suficientemente estable para inhibir todos los
pensamientos y sentimientos contrarios a tu imagen sería tan inútil como utilizar un
proyector que no tiene una luz. Por otro lado, si tu voluntad está lo suficientemente
desarrollada como para mantener tu imagen en el pensamiento y el sentimiento, sin
ningún « ¿y si…?», sino simplemente dándose cuenta de que tu pensamiento es el
gran poder atractriz, entonces tu imagen mental se proyectará en la pantalla de tu
mundo físico con la misma seguridad que cualquier diapositiva colocada en el mejor
proyector que se haya fabricado jamás. Prueba proyectar una imagen en un proyector
que tenga una luz que se mueve continuamente de un lado al otro, y tendrás el efecto
de una voluntad vacilante. Es tan necesario que te mantengas siempre detrás de tu
imagen con una voluntad fuerte y estable, como lo es tener una luz fuerte y estable en
un proyector. La alegre seguridad con la que creas tu imagen es el imán sumamente
poderoso de la fe, y nada puede destruirlo. Estás más feliz que nunca porque ahora
sabes dónde está tu fuente de suministro, y confías en su respuesta segura a tus
indicaciones. Lo importante que debe recordarse es que lo que todo ser humano
desea es la felicidad, y el estudio de la visualización te permite obtener más de la vida
de lo que has tenido jamás. Cada vez se presentan más posibilidades para ti.
Un hombre de negocios me dijo en una ocasión que desde que practicaba la
visualización y había adquirido el hábito de dedicar unos minutos cada día a pensar en

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su trabajo tal como deseaba que fuese, de una forma grande y amplia, su negocio
había crecido más del doble en seis meses. Su método consistía en entrar cada
mañana en una habitación antes de desayunar y hacer un inventario mental de su
negocio tal como lo había dejado la noche anterior, y luego extenderse sobre ello. Dijo
que se expandía y expandía de esta manera hasta que sus asuntos se encontraban en
un estado extraordinariamente exitoso.
Se imaginaba en su oficina haciendo todo lo que quería que se hiciera. Su ocupación
le exigía reunirse con muchos desconocidos cada día. En su imagen mental se veía
encontrándose con esas personas, comprendiendo sus necesidades y
proporcionándoles exactamente lo que deseaban. Este hábito, decía, había fortalecido y
dado firmeza a su voluntad de una forma casi inconcebible. Además, al ver
mentalmente las cosas tal como deseaba que fueran, había adquirido la sensación
confiada de que se estaba ejercitando cierto poder creador, para él y a través de él, con
la finalidad de mejorar su pequeño mundo.
Cuando empieces a visualizar en serio, es posible que sientas, como muchas
otras personas, que otra persona podría estar haciendo la misma imagen que tú y,
naturalmente, eso no sería adecuado para tu finalidad. No te preocupes, si no es
necesario, por esto. Simplemente intenta darte cuenta de que tu imagen es un
ejercicio ordenado del poder creador universal aplicado de forma específica.
Entonces puedes estar seguro de que nadie puede trabajar en oposición a ti. La ley
universal de la armonía lo impide. Procura tener presente que tu imagen mental es la
Mente Universal que está ejerciendo sus poderes inherentes de iniciativa y selección
específicamente.
Dios, o la Mente Universal, creó al hombre con la finalidad especial de diferenciarse
a través de él. Todo lo que existe, nació de la misma manera, mediante esta misma ley
de autodiferenciación, y con la misma finalidad. Primero existió la idea, la imagen
mental o el prototipo de la cosa, que es la cosa misma en su forma incipiente o
plástica.
El Gran Arquitecto del Universo se contempló a sí mismo manifestándose a través
de su opuesto polar, la materia, y la idea se expandió y se proyectó hasta que tuvimos
un mundo, muchos mundos.
Mucha gente pregunta: «Pero, ¿por qué debemos tener un mundo físico?». La
respuesta es: Porque está en la naturaleza de la sustancia creadora solidificarse, bajo
directrices más que actividad, del mismo modo que está en la naturaleza de la cera
endurecerse cuando se enfría, o del yeso volverse firme y sólido cuando se expone al
aire. Tu imagen en esta misma sustancia divina en su estado fluido toma forma a
través del centro individualizado de operación divina, tu mente; y no hay ningún poder
que impida que esta combinación de sustancia espiritual se convierta en forma física.
Está en la naturaleza del espíritu realizar su trabajo, y una idea no está realizada hasta
que no ha creado para sí un vehículo.
Nada puede impedir que tu imagen adquiera una forma concreta, excepto el mismo
poder que le dio vida: tú. Supongamos que quieres tener una habitación más

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ordenada. Observas tu dormitorio y la idea de orden te sugiere cajas, armarios,
estanterías, perchas, etcétera. La caja, el armario, las perchas, todo eso son ideas
concretas de orden. Son vehículos a través de los cuales se sugieren el orden y la
armonía.

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Capítulo 3
La relación entre la forma mental y la forma física
Algunas personas sienten que no es del todo correcto visualizar cosas. «Es algo
demasiado material», dicen. Pero la forma material es necesaria para el
autoreconocimiento del espíritu desde el punto de vista individual. Y éste es el medio
por el cual se lleva a cabo el proceso creativo. Por lo tanto, la materia, lejos de ser una
ilusión y algo que no debería existir (como enseñan algunos maestros metafísicos), es
el canal necesario para la autodiferenciación del espíritu. Pero no tengo intención de
llevarte a un razonamiento científico largo y cansino para eliminar el misterio de la
visualización y ponerla sobre una base lógica. Naturalmente, cada persona hará esto a
su manera. Mi único deseo es indicarte el camino más fácil que conozco, que es el
sendero por el que Troward me guía. Estoy segura de que llegarás a la conclusión,
como lo he hecho yo, de que el único misterio en la conexión con la visualización es el
misterio de la vida que toma forma, gobernada por unas leyes inalterables y fácilmente
comprensibles.
Todos poseemos más poder y mayores posibilidades de lo que creemos.
Visualizar es uno de los más grandes poderes y nos hace ver otras posibilidades.
Cuando nos paramos a pensar un momento, nos damos cuenta de que para que el
cosmos pueda existir, debe de ser el resultado de una mente cósmica, que une «a
todas las mentes individuales a ciertas unidades de acción genéricas, produciendo
así todas las cosas como realidades y ninguna como ilusiones». Si tomas este
pensamiento de Troward y meditas sobre él sin prejuicios, sin duda te darás cuenta
de que la forma material concreta es una absoluta necesidad del proceso creativo y,
además, de que «la materia no es una ilusión, sino un canal necesario por el cual la
vida se diferencia».
Si consideras la materia en su orden correcto como el opuesto polar del espíritu,
no encontrarás ningún antagonismo entre ellos. Por el contrario, juntos constituyen un
todo armonioso. Y, cuando te das cuenta de esto, sientes que en tu práctica de
visualizar estás trabajando desde causa y efecto, desde el principio hasta el final. En
realidad, tu imagen mental es la obra especializada del espíritu creador.
Uno podría hablar durante horas basándose en hechos puramente científicos,
mostrando, como dice Troward, «que la materia prima para la formación de los
sistemas solares está distribuida universalmente por todo el espacio». Sin embargo,
las investigaciones muestran que, aunque los cielos están tachonados con millones de
soles, hay espacios que no dan ninguna señal de actividad cósmica. Si esto es
verdad, debe de haber algo que inició la actividad cósmica en ciertos lugares, mientras
que pasó de largo por otros en los que también había materia prima disponible. Sin

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pensarlo mucho, uno podría atribuir el desarrollo de la energía cósmica a un medio
que está distribuido uniformemente por todo el espacio, porque todas sus partículas
están en equilibrio y, por lo tanto, ninguna partícula posee en sí misma un mayor
poder para originar movimiento que las demás.
Así pues, encontramos que el movimiento inicial, aunque trabaja en las partículas
de la sustancia original, y a través de ellas, no parte de las propias partículas. Es ese
algo al que nos referimos cuando hablamos del espíritu. El mismo poder que trajo a la
sustancia universal a la existencia traerá tu pensamiento individual, o tu imagen
mental, a la forma física. No hay ninguna diferencia en el tipo de poder. La única
diferencia es una diferencia de escala. El poder y la sustancia son iguales. Sólo que al
desarrollar tu imagen mental, ésta transfiere su energía creativa de lo universal a la
escala de lo particular, y funciona de la misma manera infalible desde su centro
específico: tu mente.

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Capítulo 4
El funcionamiento de tu imagen mental
Podríamos usar el funcionamiento de un gran sistema telefónico como un símil. La
central principal se subdivide en muchos ramales; cada ramal está en conexión directa
con su fuente, y cada rama individual, que reconoce la fuente de su existencia,
informa de todo a la central. Por lo tanto, cuando se requiere ayuda de cualquier
tipo (nuevos suministros, reparaciones difíciles, o un sinfín de otras cosas), la rama
necesitada acude inmediatamente a su central. No se le ocurriría remitir sus
dificultades, o sus éxitos, a la central principal de un sistema de telégrafo (aunque
pertenezcan a la misma organización). Estas diferentes centrales de ramales saben
que la única solución para cualquier dificultad debe provenir de la central desde la que
fueron proyectadas.
Si nosotros, como ramas individuales de la Mente Universal, remitiéramos
nuestras dificultades con esta misma confianza a la fuente desde la cual fuimos
proyectados, y usáramos las soluciones que nos proporcionaran, nos daríamos
cuenta de lo que quiso decir Jesús cuando dijo: «Pedid y recibiréis». Todos
recibiríamos nuestros equipamientos. Sin duda, el Padre debe abastecer a su hijo. El
tronco del árbol no puede dejar de proporcionar los medios de vida a sus ramas.
Todas las cosas animadas e inanimadas están llamadas a existir o a destacar
por un poder que no destaca por sí mismo. El poder que crea la imagen mental, la
sustancia del espíritu creador de tu deseo imaginado, no destaca. Proyecta la
sustancia de sí mismo, que es un equivalente solidificado de sí mismo, mientras que él
se mantiene invisible para el ojo físico. Solamente apreciarán el valor de visualizar
aquellas personas que sean capaces de comprender lo que Pablo quiso decir cuando
dijo: «Los mundos fueron creados por la palabra de Dios. Las cosas que se ven no
están hechas de cosas que aparecen». No hay nada extraño o misterioso en la idea
de que tu deseo imaginado se convierta en una evidencia material. Ése es el
funcionamiento de una ley natural universal. El mundo fue proyectado por la
contemplación de sí misma de la Mente Universal, y esta misma acción está teniendo
lugar en su rama individualizada, que es la mente del hombre. Todo lo que hay en el
mundo entero se inicia en la mente y llega a la existencia exactamente de la misma
manera, desde el sombrero que tienes en la cabeza hasta las botas que tienes en los
pies. Todas esas cosas son pensamientos proyectados, solidificados.
Tu avance personal en la evolución depende de que uses correctamente el poder

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de visualizar, y el uso que hagas de él depende de si reconoces que tú, tú mismo,
eres un centro particular por el cual, y en el cual, el espíritu creador está hallando una
nueva expresión para las potencialidades que ya existen dentro de él. Esto es
evolución; este continuo despliegue de pensamientos existentes a través de cosas
externamente invisibles.
Tu imagen mental es la fuerza de atracción que evoluciona y mezcla la sustancia
original dándole una forma específica. Tu imagen es la central eléctrica que mezcla y
evoluciona, por así decirlo, a través de la cual el espíritu creador se expresa. Su
acción creadora es ilimitada; no tiene principio y no tiene final, y siempre es progresiva
y ordenada. «Se desarrolla etapa a etapa, siendo cada etapa una preparación
necesaria para la que viene después.»
Ahora, veamos si podemos hacernos una idea de las diferentes etapas a través de
las cuales llegan a la existencia las cosas en el mundo. Troward dice: «Si logramos
averiguar cuál es el principio en funcionamiento que está produciendo esos resultados,
podemos darle, muy rápida y fácilmente, una aplicación personal. Primero,
vemos que el pensamiento de la vida o el espíritu creador sobre sí mismo es su
simple conciencia de su propio ser, y esto produjo un primer éter, una sustancia
universal a partir de la cual crece todo en el mundo».
Troward nos dice también que «aunque esta conciencia de ser es una base
necesaria para cualquier otra posibilidad, no hay mucho que decir sobre ella». Lo
mismo ocurre con el espíritu individualizado, que eres tú. Antes de que consideres la
idea de crear una imagen mental de tu deseo como algo práctico, debes tener
alguna idea de tu ser, de tu «yo soy». En cuanto tomas conciencia de tu cualidad de
«ser», empiezas a disfrutar de la libertad que esta conciencia te sugiere. Quieres
hacer más y más, y mientras realizas tu deseo en tu interior, el espíritu localizado
inicia actividades conscientes en ti.
Lo que más te interesa es la acción específica del espíritu creador de la vida, la
mente universal especializada. El germen de Dios localizado en ti es tu personalidad,
tu individualidad, y puesto que la dicha de la libertad absoluta es la naturaleza
inherente de este germen de Dios, es natural que se proponga disfrutar a través de
su centro específico. Y cuando crece tu comprensión de que tu ser, tu individualidad,
es Dios particularizándose, desarrollas tendencias divinas de una forma natural.
Quieres disfrutar de la vida y de la libertad. Quieres libertad en tus asuntos, así
como en tu conciencia, y es natural que así sea. Con este deseo progresivo, siempre
hay una imagen-pensamiento borrosa. A medida que tu deseo y tu reconocimiento
van convirtiéndose en un deseo intenso, ese deseo se convierte en una imagen
mental clara. Por ejemplo, una muchacha que estudia música quiere tener un piano
para poder practicar en casa. Desea el piano con tanta fuerza que puede verlo
mentalmente en una de las habitaciones. Mantiene la imagen del piano y se dedica a
reflexionar mentalmente sobre el placer y las ventajas de tener un piano en un rincón
de la sala de estar. Un día, lo encuentra ahí, tal como lo había imaginado.
A medida que vaya creciendo tu comprensión de quién eres, del lugar de donde

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vienes, de cuál es la finalidad de tu ser y de cómo vas a realizar la finalidad para la
que existes, te permitirás cada vez más tener un centro a través del cual el espíritu
creador de la vida puede disfrutar. Y te darás cuenta de que sólo puede haber un
proceso creativo que llena todo el espacio, que es el mismo en su potencialidad, tanto
si es universal como si es individual. Además, todo lo que existe, tanto en el plano
visible como en el invisible, tuvo su origen en la acción localizada del pensamiento o
en una imagen mental, y eso te incluye a ti, porque tú eres espíritu universal
localizado, y la misma acción creativa está teniendo lugar a través de ti.
Ahora, sin duda, te estarás preguntando por qué hay tantas enfermedades y
miseria en el mundo. Si el mismo poder y la inteligencia que creó el mundo está en
funcionamiento en la mente del hombre, ¿por qué no se manifiesta como fuerza,
alegría, salud y abundancia? Si uno puede hacer que sus deseos se hagan realidad
simplemente creando una imagen mental del deseo, agarrándose a él con la voluntad
y haciéndolo sin ansiedad en el plano externo, o haciendo lo que haga falta para llevar
ese deseo a su realización, entonces aparentemente no hay ningún motivo para la
existencia de la enfermedad y la pobreza. Sin duda, nadie desea ninguna de esas
cosas.
El primer motivo es porque pocas personas se toman la molestia de averiguar
cuáles son los principios prácticos de las leyes de la vida. Si lo hicieran, pronto se
convencerían de que no hay ninguna necesidad de que existan las enfermedades y la
pobreza que vemos a nuestro alrededor. Se darían cuenta de que visualizar es un
principio y no una falacia.
Hay algunas personas que han descubierto que vale la pena estudiar esta ley
simple, pero absolutamente infalible, que las liberará de la esclavitud. Sin embargo, la
raza humana en general no está dispuesta a dedicar a esos estudios el tiempo
requerido. Es demasiado sencillo o demasiado difícil. Las personas crean una imagen
de su deseo, con una ligera comprensión de la visualización, y la mantienen durante
un día o dos, aunque con frecuencia lo hacen durante una hora, aproximadamente.
Pero si insistes en verte mentalmente rodeado de las cosas y las condiciones como tú
quieres que sean, comprenderás que la energía creativa envía su sustancia plástica
en la dirección indicada por la tendencia de tus pensamientos. Ahí reside la ventaja
de mantener tu pensamiento en la forma de una imagen mental.
Cuanto más entusiasmo y fe puedas poner en tu imagen, más rápidamente
adoptará una forma visible, y tu entusiasmo crecerá si mantienes en secreto tu deseo.
En cuanto se lo cuentas a cualquier alma viviente, en ese momento tu poder se
debilita. Tu poder, tu atracción magnética, ya no es tan fuerte y, en consecuencia, no
puedes llegar tan lejos. Cuanto más perfectamente guardado esté el secreto entre tu
mente y tu ser exterior, más vitalidad le darás a tu poder de atracción. Uno cuenta sus
problemas para debilitarlos, para quitárselos de la mente y, cuando un pensamiento
es revelado, su poder se disipa. Háblalo contigo mismo, e incluso escríbelo, y luego
destruye inmediatamente el papel.
Sin embargo, esto no quiere decir que debas esforzarte enérgicamente en obligar
al poder a desarrollar tu imagen de la forma especial en que tú crees que debería

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hacerlo. Ese método pronto te agotará e impedirá la realización de tu fin. Un pariente
rico no tiene que morirse necesariamente, ni tiene alguien que perder su fortuna en la
calle, para que se materialicen los 10.000 dólares que te estás imaginando
mentalmente.
Uno de los porteros del edificio en el que vivo oyó a unos visitantes que salían de
mi piso hablar sobre el acto imaginar deseos mentalmente. El deseo promedio era de
550 dólares. Él consideró que cinco dólares eran lo más adecuado para él y empezó
a visualizarlo, sin tener ni idea de dónde o cómo los iba a conseguir. Entre tanto, mi
loro se escapó volando por la ventana, de modo que llamé por teléfono a los hombres
que estaban en el patio para que lo atraparan para mí. Uno de ellos lo consiguió, pero
el loro le mordió el dedo. El portero, que tenía los guantes puestos y no temía que el
animal le hiciera una herida similar, lo agarró y subió a traérmelo. Le di cinco billetes
de un dólar por el servicio. Su repentina recompensa lo sorprendió. Me contó con
entusiasmo que había estado visualizando exactamente cinco dólares, simplemente
porque había oído decir que otras personas visualizaban. Estaba encantado ante la
inesperada realización de su imagen mental.
Lo único que tienes que hacer es crear una imagen mental así de lo que más
deseas y mantenerla alegremente en su sitio con tu voluntad, siempre consciente de
que el mismo poder infinito que creó el universo te trajo a la forma con el propósito de
divertirse en ti y a través de ti. Y puesto que es todo vida, amor, luz, poder, paz,
belleza y alegría, y es el único poder creador que existe, la forma que adopte en ti y a
través de ti depende de la dirección que tu pensamiento le haya dado. En ti está
indiferenciado, esperando a tomar cualquier dirección que se le dé cuando pase por
el instrumento que él ha creado con el propósito de distribuirse.
Este poder es el que te permite transferir tus pensamientos de una forma a otra. El
poder de cambiar de idea es el poder individualizado que toma la iniciativa, dando
dirección a la sustancia fluida que está contenida en cada pensamiento. Darle a esa
sustancia plástica altamente sensible cualquier forma que desees mediante la
visualización es lo más sencillo del mundo. Cualquiera puede hacerlo con una
pequeña dosis de esfuerzo.
Cuando realmente estás convencido de que tu mente es un centro a través del cual
toma forma involuntariamente la sustancia plástica de todo lo que existe en tu mundo,
la única razón por la que tu imagen no siempre se materializa es porque has
introducido algo que es antagónico al principio fundamental. Con mucha frecuencia,
este elemento destructivo es causado por la frecuencia con que cambias tus
imágenes. Después de muchos de esos cambios, decides que, después de todo, lo
que quieres es tu deseo original. Al llegar a esta conclusión, empiezas a preguntarte
por qué, «siendo la primera imagen», no se ha materializado. La sustancia plástica
con la que estás tratando mentalmente es más sensible que la película fotográfica más
sensible. Si, al tomar una fotografía, recuerdas súbitamente que ya habías tomado
otra fotografía en esa misma placa, no puedes esperar un resultado perfecto en
ninguna de las dos imágenes.

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Por otro lado, es posible que hayas tomado dos fotografías en la misma placa sin
darte cuenta. Cuando la placa es revelada y aparece la imagen, tú no condenas al
principio de la fotografía, ni te quedas perplejo, pues comprendes por qué tu fotografía
ha salido de una forma tan insatisfactoria. No sientes que es imposible que puedas
obtener una imagen buena, clara, del sujeto en cuestión. Sabes que puedes hacerlo
simplemente empezando de nuevo desde el principio, poniendo una nueva placa y
decidiendo ser más cuidadoso al tomar la fotografía la próxima vez. Cuando sigues
estas pautas, estás seguro de obtener un resultado satisfactorio. Si actúas de la
misma manera con tu imagen mental, cumpliendo con tu parte con un estado mental
igualmente confiado, el resultado será igual de perfecto.
Las leyes de la visualización son tan infalibles como las leyes que gobiernan la
fotografía. De hecho, la fotografía es el resultado de visualizar. Una vez más, tus
resultados al visualizar y tus deseos pueden ser imperfectos o retrasarse a causa de
un mal uso de este poder, debido al pensamiento de que la realización de tu deseo
depende de ciertas personas o condiciones. El principio creador no depende, en modo
alguno, de ninguna persona, lugar o cosa. No tiene pasado y no conoce ningún futuro.
La ley dice que el principio creador de la vida es «el aquí universal y el ahora eterno».
Crea sus propios vehículos a través de los cuales opera. Por lo tanto, las experiencias
del pasado no tienen nada que ver con tu imagen actual. Así que no intentes obtener
tu deseo a través de un canal que puede no ser natural para él, aunque te parezca
razonable. Tu sentimiento debería ser que la cosa, o la conciencia, que tanto deseas
es normal y natural, una parte de ti, una forma de tu evolución. Si puedes hacer esto,
no hay ningún poder que pueda impedirte disfrutar de la realización de la imagen con
la que estás trabajando, o de cualquier otra.

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Capítulo 5
Expresiones de los principiantes
Cientos de personas se han dado cuenta de que «visualizar es parecido a tener una
lámpara de Aladino para todo aquel que cuenta con una voluntad poderosa». El
general Foch dice que se sentía tan indignado durante la guerra franco-prusiana en
1870, que se visualizó conduciendo a un ejército francés a la victoria contra los
alemanes. Dijo que había creado esta imagen, se había fumado una pipa y había
esperado. Este es un resultado del acto visualizar que todos conocemos.
El invierno pasado, una famosa actriz escribió un largo artículo en uno de los
principales periódicos dominicales en el que describía cómo se deshizo de un exceso
de grasa corporal y de peso visualizando constantemente su figura tal como quería
que fuera.
Mientras estaba dando unas conferencias en Nueva York, recibí una interesante
carta de la esposa de un médico. Empezaba diciendo que esperaba que yo nunca
dejara de dar conferencias sobre la visualización, con las que hacía posible que la
humanidad se diera cuenta del maravilloso hecho de que poseía en su interior el
método para su liberación. Refiriéndose a su propia experiencia, me decía que había
nacido en el lado este de Nueva York, en el barrio más pobre. Desde su más
temprana infancia había albergado el sueño de casarse algún día con un médico. Este
sueño se había convertido gradualmente en una imagen mental fija. El primer empleo
que consiguió fue como niñera en la familia de un médico
Tras dejar a esa familia, entró a trabajar con la familia de otro médico. La esposa
de su jefe murió y, con el tiempo, el médico acabó casándose con ella: el resultado de
un anhelo imaginado durante mucho tiempo. Después de eso, tanto ella como su
marido concibieron la idea de tener una granja agrícola en el sur de Estados Unidos.
Formaron la imagen mental de la idea y pusieron su fe en que acabara cumpliéndose.
La carta que me enviaba venía de su granja en el sur. La esposa del médico la había
escrito estando ahí. Su segunda imagen mental había visto la luz de la materialización.
Cada día me llegan muchas cartas de características similares. El siguiente es
un caso que apareció en el diario New York Herald en mayo de 1921:
«Atlantic City, 5 de mayo. Era una mujer anciana y hoy, cuando fue llevada ante el
juez Clarence Goldenberg en el tribunal de policía, estaba tan débil y cansada que a
duras penas podía tenerse en pie. El juez preguntó al guarda del tribunal de qué se la
acusaba. “De robar una botella de leche, su señoría”, replicó el oficial. “Lo cogió de la
entrada de una casita en el centro de la cuidad al amanecer, esta mañana.” “¿Por qué
hizo eso?”, le preguntó a la anciana el juez Goldenberg. “Tenía hambre”, dijo ella. “No
tenía ni un centavo y no tenía forma de conseguir nada para comer, excepto
robándolo. Pensé que a nadie le importaría que me llevara una botella de leche.”

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“¿Cuál es su nombre?”, preguntó el juez. “Weinberg”, dijo la anciana, “Elizabeth
Weinberg”. El juez Goldenberg le hizo algunas preguntas sobre su persona y luego
dijo:
“Bueno, ahora no es usted muy rica, pero ya no es pobre. Llevo meses
buscándola. Tengo 500 dólares que le pertenecen, de la herencia de un familiar suyo.
Yo soy el albacea del testamento”.»
El juez Goldenberg pagó la multa de la mujer de su propio bolsillo y luego la llevó a
su oficina, donde le entregó su herencia y envió a un policía a que le encontrara un
sitio donde hospedarse.
Más tarde me enteré de que esta mujer menuda había estado deseando e
imaginando mentalmente 500 dólares, al tiempo que ignoraba cómo podrían llegar a
ella. Pero mantuvo su visión y la fortaleció con su fe.
En un número reciente de la revista GoodHousekeeping había un artículo escrito
por Addington Bruce, titulado «Fortalecer sus agallas mentales». Es sumamente
instructivo y beneficiaría a cualquiera que lo leyera. En una parte, dice: «El hábito de
dedicar unos pocos momentos cada día a pensar en su trabajo a lo grande, de una
forma amplia e imaginativa, es una necesidad vital para usted y un servicio útil para la
sociedad».
Huntington el gran magnate ferroviario, antes de empezar a construir la vía que iba
de costa a costa, dijo que había tomado cientos de viajes a lo largo de la línea antes
de que la vía estuviera construida. Dicen que se sentaba durante horas con un mapa
de los Estados Unidos delante de él y viajaba mentalmente de costa a costa,
exactamente como lo hacemos ahora en su imagen mental realizada. Podría llamar tu
atención con cientos de casos similares.
El mejor método de imaginar aquello que deseas es, a la vez, sencillo y agradable,
si comprendes el principio que está detrás lo bastante bien como para creerlo. En
primer lugar y por encima de todo, asegúrate de saber qué es lo que realmente
quieres, A continuación, especializa tu deseo siguiendo esa dirección.

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Capítulo 6
Sugerencias para crear tu imagen mental
Quizás desees sentir que has vivido con alguna finalidad. Quieres estar satisfecho y
feliz y sientes que con una buena salud y un negocio exitoso podrías disfrutar de ese
estado de ánimo. Cuando finalmente has decidido, de una vez por todas, qué es lo que
quieres, entonces empiezas a imaginarte sano, y que tu negocio es un éxito tan grande
como puedes llegar a concebir naturalmente.
El mejor momento para crear y definir tu imagen es justo antes de desayunar y antes
de retirarte a dormir por la noche. Puesto que es necesario que te concedas una gran
cantidad de tiempo, podría ser necesario que te levantases más temprano que de
costumbre. Entra en una habitación en la que nadie te moleste, medita durante unos
minutos sobre el funcionamiento práctico de la ley de la visualización y pregúntate:
«¿Cómo llegaron a existir las cosas que me rodean?», « ¿En qué me puede ayudar entrar
en contacto más rápidamente con el suministro invisible?».
Alguien pensó que la comodidad se expresaría y se experimentaría mejor si la
persona estuviera sentada en una silla, y no en el suelo. En el comienzo de la
meditación, la silla representaba el deseo de estar cómodo. Con ello llegó la imagen
de una especie de silla. Este mismo principio se aplica al sombrero y a la ropa que
vistes. Entra detenidamente en esta idea del principio que está detrás de la cosa.
Establécela como una experiencia personal; conviértela en una realidad para tu
conciencia.
Si eres concienzudo al hacerlo, te encontrarás en la profunda conciencia que está
debajo de la superficie de tu propio poder de pensamiento. Entonces, abre una
ventana, respira profundamente unas diez veces y, durante ese tiempo, dibuja un
gran círculo imaginario de luz a tu alrededor. Mientras inspiras (manteniéndote en el
centro de este círculo de luz) visualiza grandes rayos de luz provenientes del círculo
penetrando en tu cuerpo en todos los puntos, centralizándose en tu plexo solar.
Contén la respiración unos momentos en esta luz central tu cuerpo (el plexo solar)
y luego espira lentamente. Mientras haces esto mentalmente, debes ver rayos
imaginarios, o chorros de luz, que suben por el cuerpo, y luego bajan y salen por los

19
pies. Mentalmente, rocía todo tu cuerpo con esta luz imaginaria. Cuando hayas
terminado el ejercicio de respiración siéntate en una silla recta y cómoda y hazte saber
mentalmente que sólo hay una vida, una sustancia, y que esa sustancia de vida del
universo está encontrando placer al reconocerse en ti. Repite algunas afirmaciones de
este tipo hasta que sientas la verdad y la realidad de las palabras que estás
pronunciando. A continuación, empieza a crear tu imagen.
Tanto si tu deseo es tener un estado de conciencia como poseer algo, pequeño o
grande, empieza desde el principio. Si quieres una casa, empieza viéndote en el tipo de
casa que deseas. Recórrela toda, fijándote detenidamente en las habitaciones, en
dónde están las ventanas y en otros detalles de ese tipo, ya que te ayudarán a sentir
la realidad de tu concepto.
Podrías cambiar algunos muebles y mirarte en algunos de los espejos
simplemente para comprobar lo sano, rico y feliz que te ves. Vuelve a repasar ni
imagen una y otra vez hasta que sientas que es real. Luego, ponlo todo por escrito,
exactamente como lo has visto, con la sensación de que «Lo mejor de lo mejor es mío. No
hay ningún límite para mí, porque mi mente es un centro de operación divina», y tu
imagen se hará realidad con la misma certeza con que, en tu mundo físico, el sol
brillará.

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Capítulo 7
Cosas que hay que recordar
Al usar el poder de tu pensamiento para la producción de nuevas circunstancias,
considera los siguientes puntos:
1. Asegúrate de saber qué circunstancias deseas producir. Luego sopesa
cuidadosamente a qué otros resultados te llevará la realización de tu deseo.
2. Al dejar que tu pensamiento se recree en una imagen mental, estás
concentrando el espíritu creador en ese centro, donde todas sus fuerzas están
igualmente equilibradas.
3. Visualizar lleva tu mente objetiva a un estado de equilibrio que te permite dirigir
conscientemente el fluir del espíritu hacia un fin claramente reconocido y guiar con
cuidado tu forma de pensamiento para que no fluya en la dirección opuesta.
4. Siempre debes tener presente que estás tratando con una maravillosa energía
potencial —que todavía no está diferenciada en ningún molde particular, y que por la
acción de tu mente puede diferenciarse encajando en cualquier molde que tú desees
—. Tu imagen te ayuda a mantener tu mente fija en el hecho de que está teniendo
lugar la afluencia de esta energía creativa. Además, con tu imagen mental estás
determinando la dirección que quieres que tome el poder creador sensible, y al hacerlo
la exteriorización de tu imagen se convierte en una certeza.
5. Recuerda que cuando estás visualizando correctamente no hay ningún
esfuerzo enérgico en tus pensamientos para mantener tus formas de pensamiento en
su sitio. El esfuerzo enérgico acaba con tu finalidad y sugiere la conciencia de una
fuerza adversa contra la que hay que luchar, y esto crea condiciones adversas para tu
imagen.

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6. Al mantener tu imagen con un estado de ánimo alegre, dejas fuera a todos los
pensamientos que dispersarían el núcleo espiritual de la misma. Puesto que la ley es
creativa en su acción, tu deseo imaginado se realizará con certeza.
7. La séptima e importante cuestión que debes recordar al visualizar es que estás
creando una imagen mental con la finalidad de determinar la cualidad que le estás
dando a la sustancia y la energía anteriormente indiferenciadas, y no organizando las
circunstancias específicas para su manifestación. Ésa es tarea del propio poder
creador. Él construirá sus propias formas de expresión con bastante naturalidad, si tú
se lo permites, y te ahorrará un montón de ansiedad innecesaria. Lo que realmente
quieres es una expansión en cierta dirección, ya sea de salud, riqueza o cualquier otra
cosa, y mientras la consigas (como, sin duda, lo harás, si mantienes tu imagen con
confianza) qué importa si te llega a través de un canal con el que creías que podías
contar o a través de algún otro canal cuya existencia desconocías del todo. Estás
concentrando energía de un determinado tipo para una finalidad particular. Ten esto
en mente y deja que los detalles específicos se ocupen de sí mismos, y jamás
menciones tu intención a nadie.
Recuerda siempre que la naturaleza, desde su superficie claramente visible hasta
sus más misteriosas profundidades, es un inmenso almacén de luz y de bien
totalmente dedicados a tu uso individual. Tu unidad consciente con el gran todo es el
secreto del éxito, y cuando hayas comprendido esto podrán disfrutar de la posesión
de la totalidad o de una parte de ella a voluntad, porque mediante tu reconocimiento la
has hecho tuya y puedes hacerlo cada vez más.
Jamás olvides que todas las cosas físicas, tanto si están a tu favor como si están
en tu contra, fueron un pensamiento sostenido antes de convertirse en cosas.
El pensamiento como pensamiento no es ni bueno ni malo; es acción creativa, y
siempre adopta una forma física.
Por lo tanto, los pensamientos en los que insistes se convierten en cosas que
posees o no posees.
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Capítulo 8
Por qué me dediqué a estudiar la ciencia mental
A menudo me han preguntado por los motivos por los que empecé a estudiar la
ciencia mental y acerca de los resultados de mi búsqueda, no sólo en cuanto al
conocimiento de los principios, sino también a la aplicación de dichos conocimientos
en el desarrollo de mi propia vida y experiencia.
Estas preguntas son justificables porque alguien que intenta realizar el papel de
mensajero y enseñar las verdades psicológicas sólo puede ser efectivo y convincente
si él, o ella, las ha probado en el laboratorio de la experiencia mental. Esto se aplica
especialmente a mi caso, pues fui la única alumna de Thomas Troward, el más grande
maestro de la ciencia mental de la actualidad, cuyas enseñanzas se basan en la
relación entre la mente individual y la mente creativa universal, que es la dadora de
vida, y la forma en que esa relación puede ser invocada para asegurar la expansión y
una expresión más plena de la vida individual.
Lo que me impulsó inicialmente a estudiar la ciencia mental fue una abrumadora
sensación de soledad. A toda vida llegan experiencias de aislamiento espiritual, como
las que en aquella época predominaban en mi vida. A pesar del hecho de que cada
día me encontraba con amigos, rodeada de regocijo y alegría, tenía la persistente
sensación de que estaba sola en el mundo. Había enviudado tres años atrás y había
estado viajando de país en país, buscando la serenidad de ánimo.
Las circunstancias y el entorno de mi vida eran tales que mis amigos me
consideraban una joven inusualmente afortunada. Aunque reconocían que había
sufrido una gran pérdida cuando mi marido murió, sabían que me había dejado en una
buena situación económica, libre para ir a cualquier lugar cuando quisiera y con
muchos amigos. Sin embargo, si mis amigos hubieran podido penetrar en mis
emociones más íntimas, habrían encontrado un profundo sentimiento de vacío y
aislamiento. Ese sentimiento estimuló en mí un espíritu inquieto que me impulsó cada
vez más a una infructuosa búsqueda en el exterior de algo que más tarde comprendí

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que sólo podía obtenerse en el interior.
Estudié la ciencia cristiana, pero no me proporcionó ningún consuelo, aunque me
di cuenta plenamente del gran trabajo que estaban realizando los científicos, e incluso
tuve el placer y el privilegio de conocer a la señora Eddy personalmente. Pero me
resultaba imposible aceptar las enseñanzas fundamentales de la ciencia cristiana y
hacer una aplicación práctica de ellas.
Estaba a punto de abandonar la búsqueda de felicidad y de resignarme a retomar mi
vida de aparente diversión, cuando una amiga me invitó a visitar al gran vidente y
maestro Abdul Baha. Después de entrevistarme con ese hombre tan maravilloso, mi
búsqueda de alegría empezó a dar un giro. El me dijo que viajaría por todo el mundo
buscando la verdad y que, cuando la hallara, hablaría de ella. En aquel momento, el
cumplimiento de esa afirmación de ese gran vidente me pareció imposible. Pero
contenía una dosis de ánimo y, al menos, indicaba que mi búsqueda anterior había ido
en la dirección equivocada. De una forma débil e insegura, empecé a encontrar alegría
en mi interior, porque Abdul Baha me había dado a entender que hallaría la verdad.
Eso era lo importante, y prácticamente lo único que yo recordaba de nuestra
entrevista.
Unos días más tarde, al visitar el despacho de un practicante del Nuevo
Pensamiento, me llamó la atención un libro que estaba sobre su mesa, titulado Las
conferencias de Edimburgo sobre ciencia mental, de Thomas Troward. Me sorprendió
ver que Troward era un juez retirado del Punjab, en la India. Compré el libro, pensando
que lo leería esa misma tarde. Muchos han intentado hacer lo mismo, pero se han
encontrado, igual que yo, con que el libro debe ser estudiado para ser comprendido, y
cientos de personas han decidido, como lo hice yo, dedicarle toda su atención.
Después de haber encontrado este libro, que era un tesoro, me fui al campo
durante unos días y, mientras estaba ahí, estudié el volumen lo más minuciosamente
que pude. Me pareció extremadamente difícil y decidí comprar otro libro de Troward,
con la esperanza de que su estudio no requeriría tanto esfuerzo. Al preguntar, me
dijeron que el volumen siguiente, Las conferencias de Dore, era mucho más sencillo y
era el mejor de los dos libros. Tardé semanas y meses en tener siquiera una vaga idea
del significado del primer capítulo de Dore, que se titulaba «Entrar en el espíritu de
ello». Con esto quiero decir que tardé meses en entrar en el espíritu de lo que estaba
leyendo.
Pero, entre tanto, un párrafo de la página 26 llamó mi atención porque me pareció
que era lo más grande que había leído jamás. Lo memoricé y me esforcé con toda mi
alma en entrar en el espíritu de las palabras de Troward. El párrafo dice: «Mi mente

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es un centro de operación divina. La operación divina es siempre para la expansión y
para una expresión más plena, y esto significa la producción de algo que va más allá
de lo que ha existido antes, algo enteramente nuevo, no incluido en la experiencia
anterior, aunque proveniente de ella mediante una secuencia ordenada de
crecimiento. Por lo tanto, puesto que lo divino no puede cambiar su naturaleza
inherente, debe operar de la misma manera conmigo; en consecuencia, en mi propio
mundo especial, del cual yo soy el centro, avanzará para producir nuevas
condiciones, siempre por delante de cualquiera que haya existido anteriormente».
Fue necesario un esfuerzo por mi parte para memorizar este párrafo, pero en el
esfuerzo hacia este fin, las palabras parecían llevar consigo un cierto estímulo. Cada
repetición del párrafo hacía que me resultara más fácil entrar en su espíritu. Las
palabras expresaban exactamente lo que yo había estado buscando. Mi único deseo
era tener serenidad de ánimo. Encontré reconfortante creer que la operación divina en
mí podía expandirse hacia una expresión más plena y producir cada vez más alegría
—en realidad, una serenidad de ánimo y un grado de satisfacción mayores de los que
había conocido jamás-. El párrafo me inspiró todavía más un profundo interés por
sentir que la chispa de vida en mí podía traer a mi vida algo completamente nuevo. No
deseaba borrar mis experiencias del pasado, pero continuar a partir de ellas traería
algo nuevo que trascendería cualquier cosa que yo hubiera experimentado antes.
La meditación sobre estas afirmaciones trajo consigo un cierto sentimiento de
alegría. Qué maravilloso sería si yo pudiera aceptar y creer sinceramente, sin ningún
atisbo de duda, que esa afirmación de Troward era verdad. Ciertamente, lo divino no
podía cambiar su naturaleza inherente, y puesto que la vida divina está actuando en
mí, debo de estar divinamente habitada, y lo divino en mí debe de operar de igual
manera que opera en el plano universal. Esto signi f icaba que todo mi mundo de
circunstancias, amigos y condiciones acabaría siendo un mundo de alegría y disfrute,
del cual «Yo soy el centro”. Todo esto ocurriría en cuanto yo fuera capaz de
controlar mi mente y, por ende, proporcionar un centro concreto alrededor del cual las
energías divinas pudieran jugar.
Sin duda, valía la pena probarlo. Si Troward había hallado esta verdad, ¿por qué yo
no? La idea hizo que me ciñera a mi tarea. Más adelante decidí estudiar con el hombre
que había realizado y entregado al mundo una afirmación tan maravillosa. Me había
hecho salir de mi estado de desaliento. La dificultad inmediata era que necesitaba más
dinero.

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Capítulo 9
Cómo atraje veinte mil dólares
En el laboratorio de experiencias en el que mi recién revelada relación con la
operación divina debía ser probada, el primer problema fue económico. Mis ingresos
eran los que habían sido estipulados, los cuales eran suficientes para cubrir mis
necesidades diarias, pero no parecían ser suficientes para permitirme viajar
cómodamente a Inglaterra, donde vivía Troward, y quedarme ahí durante un período
indefinido para estudiar con un maestro tan grande como debía de ser él. De modo
que, antes de averiguar si Troward aceptaba alumnos o, en caso de que lo hiciera, si
yo cumplía con los requisitos, empecé a utilizar el párrafo que había memorizado.
Todos los días, de hecho, prácticamente a todas horas, las palabras estaban en mi
mente: «Mi mente es un centro de operación divina, y operación divina significa
expansión hacia algo mejor que lo que ha existido antes». En el libro dedicado a las
conferencias de Edimburgo había leído algo sobre la ley de atracción y en el capítulo
de «Causas y condiciones» había obtenido una vaga idea de lo que era visualizar. De
modo que, cada noche, antes de irme a dormir, creaba una imagen mental de los veinte
mil dólares que deseaba. Cada noche, en mi dormitorio, contaba veinte billetes de mil
dólares y, luego, con la idea de impresionar mi mente de una forma más enfática con el
hecho de que esos veinte mil dólares eran para ir a Inglaterra y estudiar con Troward,
escribía lo que imaginaba. Me veía comprando un billete para el buque de vapor,
caminando de aquí a allá en la cubierta del barco que va de Nueva York a Londres y,
por último, me veía siendo aceptada como alumna de Troward.
Este proceso se repetía cada mañana y cada noche, siempre grabando más y más
plenamente en mi mente la afirmación de Troward que había memorizado: «Mi mente
es un centro de operación divina». Me esforzaba por mantener esta afirmación en la
parte posterior de mi conciencia todo el tiempo sin tener en la mente ningún
pensamiento sobre cómo podría conseguir el dinero. Probablemente la razón por la
cual no había ningún pensamiento sobre los caminos por los que el dinero podría
llegar a mí era porque no podía imaginar que de dónde podrían venir los veinte mil
dólares. De modo que simplemente mantuve mi pensamiento firme y dejé que el poder
de atracción encontrara sus propios caminos y medios.
Un día, mientras estaba caminando por la calle, haciendo mis ejercicios de
respiración profunda, me vino un pensamiento: «Mi mente es, sin duda, un centro de

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operación divina. Dios llena todo el espacio, entonces Dios debe de estar también en
mi mente. Si quiero este dinero para estudiar con Troward para poder conocer la
verdad de la vida, entonces tanto el dinero como la verdad deben ser míos, aunque
todavía no soy capaz de sentir o ver las manifestaciones físicas de ninguna de las dos
cosas», declaré. «Deben ser míos.»
Mientras tenían lugar estas reflexiones en mi mente, un pensamiento pareció
venir de mi interior: «Yo soy toda la sustancia que existe». Luego, de otro canal de mi
cerebro, pareció que venía la respuesta: «Por supuesto que es así: todo debe tener su
inicio en la mente. El “yo”, la idea, debe ser la sustancia única y original que existe, y
eso significa dinero, así como todo lo demás». Mi mente aceptó esta idea e
inmediatamente toda la tensión de la mente y el cuerpo desapareció.
Tenía una sensación de absoluta certeza de estar en contacto con todo el
poder que la vida tiene para dar. Todo pensamiento sobre el dinero, sobre el maestro,
o incluso sobre mi propia personalidad se desvaneció en la gran corriente de alegría
que recorrió todo mi ser. Seguí caminando mientras ese sentimiento de alegría iba
aumentando constantemente y expandiéndose, hasta que todo lo que me rodeaba
pareció brillar con una luz resplandeciente. Cada persona junto a la que pasaba
estaba tan iluminada como yo. Toda conciencia de la personalidad había
desaparecido y en su lugar llegó esa estupenda y casi abrumadora sensación de
alegría y satisfacción.
Aquella noche, cuando desarrollé mi imagen de los veinte mil dólares, fue con
un aspecto completamente distinto. En las ocasiones anteriores, mientras creaba mi
imagen mental, había sentido que estaba despertando algo en mí. Esta vez no hubo
ninguna sensación de esfuerzo. Simplemente conté los veinte mil dólares. Luego, de
una forma totalmente inesperada, proveniente de una fuente de la que yo no era
consciente en esos momentos, pareció abrirse un posible camino por el que el dinero
podría llegar a mí.
Al principio me costó un gran esfuerzo no emocionarme. Me parecía tan maravilloso,
tan glorioso, estar en contacto con la fuente de suministro. Pero, ¿no había advenido
Troward a sus lectores que mantuvieran toda excitación fuera de sus mentes cuando
se dieran cuenta por primera vez, de la unión con el suministro infinito, y que trataran
este hecho como el resultado perfectamente natural que se había conseguido con
nuestra petición? Esto me resultaba todavía más difícil que mantener el pensamiento
de que «yo soy toda la sustancia que existe; yo (idea) soy el principio de toda forma,
visible o invisible».
En cuanto se presentaba una circunstancia que indicaba la dirección por la cual

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podrían aparecer los veinte mil dólares, yo no sólo hacía un esfuerzo supremo por
contemplar con calma la dirección indicada como el primer brote de la semilla que
había sembrado en lo absoluto, sino que no dejaba piedra por mover para seguir esa
dirección cumpliendo con mi parte. Cuando lo hacía, una circunstancia parecía llevar
naturalmente a otra, hasta que, paso a paso, conseguí mis deseados veinte mil
dólares. Mi mayor esfuerzo fue mantener mi mente equilibrada y libre de excitación.
El primer fruto concreto de mi estudio de la ciencia mental tal como se
explicaba en el libro de Troward había llegado porque yo había seguido
minuciosamente los métodos que él describía. En esta explicación, por lo tanto, el
mejor regalo que puedo ofrecer al lector es citar el libro de Troward, Las conferencias
de Edimburgo sobre ciencia mental, del cual se puede obtener una idea completa de la
línea de acción que yo estaba esforzándome por seguir. En el capítulo sobre causas
y condiciones, dice: «Para obtener buenos resultados, debemos entender
correctamente nuestra relación con el gran poder impersonal que estamos utilizando.
Es inteligente, y nosotros somos inteligentes, y las dos inteligencias deben cooperar.
»No debemos actuar irracionalmente ante la ley, esperando que haga por nosotros
lo que sólo puede hacer a través de nosotros. Por lo tanto, debemos usar nuestra
inteligencia con el conocimiento de que está actuando como instrumento de una
inteligencia mayor y, puesto que tenemos este conocimiento, podemos y debemos
cesar toda ansiedad con respecto al resultado final.
» En la práctica, debemos primero formarnos el concepto ideal de nuestro
objetivo, con la intención clara de grabarlo en la mente universal (éste es el
pensamiento que hace que ese tipo de pensamiento salga de la región de las meras
quimeras casuales) y luego afirmar que nuestro conocimiento de la ley es motivo
suficiente para tener la serena expectativa de obtener el resultado correspondiente y
que, por lo tanto, todas las condiciones necesarias se nos presentarán en el orden
debido. Entonces podemos dedicarnos a los asuntos de nuestra vida diaria con la
t ranqui la seguridad de que las condiciones iniciales ya están ahí o pronto estarán a
la vista. Si no las vemos inmediatamente, debemos estar contentos con el
conocimiento de que el prototipo espiritual ya existe y esperar a que empiece a
aparecer alguna circunstancia que apunte en la dirección deseada.
»Podría tratarse de una circunstancia muy poco importante pero es la dirección, y
no la magnitud, lo que debemos tener en cuenta. En cuanto la veamos, deberíamos
considerarla como el primer brote de la semilla sembrada en lo absoluto, y actuar con
calma, sin excitación, sea lo que sea lo que las circunstancias exijan. Entonces, más
adelante, veremos que esa forma de actuar nos conducirá a otra circunstancia, en la
misma dirección, hasta que descubriremos que estamos siendo llevados paso a paso,

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a la realización de nuestro objetivo.
»De esta manera, la comprensión del gran principio de la ley del suministro, a
través de las continuas experiencias, nos alejará de una forma cada vez más absoluta
de nuestros pensamientos ansiosos y de nuestros esfuerzos penosos, y nos llevará a
un nuevo mundo en el que el empleo útil de todos nuestros poderes, ya sean mentales
o físicos, no será más que un despliegue de nuestra individualidad de acuerdo con su
propia naturaleza y, por ende, a una perpetua fuente de salud y felicidad: sin duda, un
incentivo suficiente para estudiar detenidamente las leyes que gobiernan la relación
entre la persona y la Mente Universal».
Entonces, al igual que ahora, me pareció que esa cita describía el núcleo y el centro
del método y el enfoque necesario para entrar en contacto con el suministro infinito. Al
menos esta cita, como la anterior de «Mi mente es el centro de operación divina»;
etcétera, constituía el único medio aparente para atraer hacia mí los veinte mil dólares.
Mi continuo esfuerzo por entrar en el espíritu de estas afirmaciones y por atraer esa
suma que necesitaba, duró aproximadamente unas seis semanas. Al final de ese
período, ya tenía en mi cuenta bancaria los veinte mil dólares requeridos. Podría
convertir esto en una larga historia, dando todos los detalles, pero los hechos, tal como
los he narrado, te darán una idea clara de la condición magnética de mi mente
mientras los veinte mil dólares encontraban su camino para llegar a mí.

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Capítulo 10
Cómo me convertí en la única alumna
personal del más grande científico mental de la actualidad
En cuanto tuve la idea de estudiar con Troward, Ie pedí a un amigo mío que le
escribiera de mi parte, porque sentía que quizás él podría expresar mejor mi deseo,
o hacerlo en términos más persuasivos de los que yo podría emplear. Ninguna de las
cartas escritas por mi amigo recibió ni una sola respuesta. Eso fue tan desalentador
que podría haber renunciado del todo a la idea de convertirme en alumna de Troward,
pero me Io impedía la experiencia que había tenido aquel día en la calle, cuando todo
mi mundo se iluminó, y recordé la promesa: «Todas las cosas que deseéis, creed que
ya las habéis recibido, y las recibiréis».
Teniendo presente esta experiencia, organicé mi viaje a Inglaterra, a pesar del
hecho de que, aparentemente, mis cartas habían sido ignoradas. Sin embargo,
volvimos a escribir y finalmente recibimos una respuesta muy formal, pero sumamente
positiva. Troward no aceptaba alumnos; no tenía tiempo para dedicar a un alumno. A
pesar de esta decisión definitiva, me negué a desanimarme, gracias al recuerdo del
día en el que vinieron a mí la luz y el pensamiento de «yo soy toda la sustancia que
existe». Al parecer, podía volver a vivir esa experiencia a voluntad, y con ella llegaba
siempre una oleada de valor y energía renovada. Viajamos a Londres y desde ahí
telegrafiamos a Troward, pidiéndole una entrevista. El telegrama fue respondido
inmediatamente y en él fijaba la fecha en la que podría recibirnos.
En aquella época, Troward estaba viviendo en Ruan Manor, un pequeño lugar
perdido en el sur de Inglaterra, a unos treinta y dos kilómetros de la estación de
ferrocarril. No pudimos encontrarlo en el mapa y, con grandes dificultades, la Cook’s
Touring Agency de Londres localizó el lugar para nosotros. Había muy pocas dudas
en mi mente sobre lo que Troward me diría durante la entrevista. Siempre había
mantenido la sensación de que la verdad era mía y de que crecería y se expandiría

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en mi conciencia hasta que la paz y el contento fueran manifestaciones externas, así
como internas, de mi vida individual.
Llegamos a la casa durante una tormenta tremenda y fuimos cordialmente
recibidos por el propio Troward, el cual, para mi sorpresa, parecía más un francés que
un inglés (posteriormente me enteré de que era descendiente de los hugonotes). Era
un hombre de estatura mediana, con una cabeza bastante grande, una gran nariz y
unos ojos que danzaban limpiamente con alegría. Cuando nos hubo presentado a
todos los demás miembros de su familia y después de darnos una taza de té caliente,
fuimos invitados a la sala de estar, donde Troward nos habló muy libremente de todo,
excepto de mi propuesta de estudios. Parecía prácticamente imposible llevarlo hacia
ese tema.
No obstante, justo antes de partir, le pregunté atrevidamente: «¿Por qué no
reconsidera su decisión de aceptar una alumna personal? Tengo tantos deseos de
estudiar con usted», a lo que él respondió, con suma indiferencia, que no sentía que
pudiera dedicarle el tiempo que requeriría para la formación personal, pero que estaría
encantado de darme los nombres de dos o tres libros que consideraba que no solo
serían interesantes para mí, sino también instructivos. Dijo que se sentía muy
halagado y complacido por el hecho de que yo hubiera venido desde los Estados
Unidos para estudiar con él, y al salir, mientras caminábamos por el jardín de su casa
hasta el coche se comportó de una forma mucho menos indiferente. Un sentimiento
de compasión pareció tocar su corazón y se volvió hacia mí, haciendo el siguiente
comentario: «Podría escribirme si le apetece, cuando llegue a París, y quizás en
otoño, si tengo tiempo, podríamos organizar algo, aunque no me parece que sea
posible ahora».
No perdí el tiempo ante su amable invitación a escribirle, todas mis cartas fueron
respondidas rápida y educadamente, pero jamás hubo ni una palabra de ánimo
respecto a mi propuesta de estudios. Finalmente, unos dos meses más tarde llegó
una carta que contenía la pregunta: «¿Cuál cree que es el significado de este
versículo en el capítulo 21 del Apocalipsis?».
«16. La ciudad es un cuadrado, y su longitud es igual que su anchura. Midió la
ciudad con la medida: dos mil doscientos veinte kilómetros. Su longitud y su anchura y
su altura son iguales.»
Instintivamente supe que mi oportunidad de estudiar con Troward dependía de que
le diera la respuesta correcta a esa pregunta. La definición del versículo parecía estar

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absolutamente fuera de mi alcance. Como es natural, a mi mente llegaban respuestas,
pero yo sabía intuitivamente que ninguna era la correcta. Abogados, médicos, curas,
monjas y clérigos de todo el mundo recibieron cartas mías que contenían esta
pregunta. Más tarde, empezaron a llegarme las respuestas, pero la intuición me decía
que ninguna era la correcta. Entre tanto, me esforzaba por encontrar la respuesta yo
sola, pero no parecía encontrar ninguna. Memoricé el verso con la finalidad de meditar
sobre él.
Inicié una búsqueda en París de los textos que Troward me había recomendado, y
después de dos o tres días buscando, cruzamos el río Sena hasta la Île de Cité para
visitar algunas librerías antiguas que ahí había. Los libros estaban agotados, y
aquellos eran los mejores lugares para encontrarlos. Finalmente, nos topamos con una
tienda pequeña que los tenía. Eran los últimos ejemplares que tenía el hombre y, en
consecuencia, su precio era elevado. Mientras me quejaba con el dependiente, mi
mirada descansó sobre la obra de un astrólogo. La cogí riendo y pregunté: «¿Usted
cree que el profesor leería mi horóscopo?». El hombre pareció horrorizado ante mi
sugerencia y respondió «Oh, no, madame, ése es uno de los más grandes astrólogos
de Francia. Él no lee horóscopos».
A pesar de su respuesta, surgió un persistente impulso en mi interior de ir a ver a
ese hombre. La amiga que me había acompañado en mi búsqueda de libros puso
reparos e intentó por todos los medios disuadirme de ir a ver al famoso astrólogo, pero
insistí y ella me acompañó. Cuando llegamos a su despacho, me pareció un tanto
embarazoso pedirle que me leyera mi horóscopo. No obstante, no podía hacer otra
cosa, excepto plantear mi pregunta. De mala gana, el profesor nos invitó a pasar a su
estudio sembrado de papeles y, también de mala gana y con impaciencia, nos pidió
que nos sentásemos. Muy educada y fríamente, me dijo que él no leía horóscopos.
Todo su ademán decía más claramente que las palabras que deseaba que nos
fuésemos.
Mi amiga se puso de pie. Yo no sabía qué otra cosa hacer, porque sentía que
todavía no estaba preparada pura marcharme. La intuición parecía decirme que podía
sacar algún provecho de ahí. No podía def ini r exactamente qué era, de modo
que, para disgusto de mi amiga, me quedé callada durante unos momentos cuando,
de repente, uno de los enormes gatos persas del profesor saltó a mi regazo. «¡Bájate,
Jack!», gritó el profesor. Parecía preguntarse, «¿Qué significa esto?». Entonces, con
un interés mayor del que había mostrado en mí hasta el momento, dijo con una
sonrisa: «Nunca antes había visto a ese gato acercarse a un extraño, madame. Mi
gato aboga por usted. Ahora yo también siento un interés por su horóscopo, así que si
me da la fecha, tendré el placer de ponérselo por escrito para usted». Sentí una gran

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sensación de felicidad cuando hizo esa declaración. Y concluyó diciendo: «No creo
que a usted le importe realmente su horóscopo». La verdad de esa afirmación me
conmocionó, porque a mí no me importaba mi horóscopo, y no podía decirle el motivo
por el cual le estaba pidiendo que me lo hiciera. «No obstante», dijo, «¿Puedo verla
para pedirle sus datos el próximo sábado por la tarde?».
El sábado por la tarde, a la hora convenida, llegó el profesor. Estaba entregándole
la hoja de papel con todos los datos de mi nacimiento, etcétera, cuando se me ocurrió
preguntarle por la respuesta a la pregunta sobre el versículo 16 del capítulo 21 del
Apocalipsis. Mi pensamiento tuvo un efecto instantáneamente, y me encontré
preguntándole a ese hombre qué creía que significaba ese versículo. Sin detenerse a
pensar, replicó inmediatamente: «Quiere decir que la ciudad significa la verdad, y la
verdad no es invertible; cada lado desde el que uno se aproxima a ella es
exactamente igual». Intuitivamente y sin dudarlo reconocí esa respuesta como la
verdadera, y mi alegría fue ilimitada, porque estuve segura de que al poseer esa
respuesta correcta, Troward me aceptaría como discípula en otoño.
Cuando el gran astrólogo se estaba marchando, le conté todo sobre mi deseo de
estudiar con Troward, que había venido desde Nueva York expresamente con ese
propósito, aparentemente en vano hasta que él me había dado la respuesta a esa
pregunta, que era una prueba. Se mostró muy interesado y me hizo varias preguntas
sobre Troward. Cuando le pedí que por favor me enviara la cuenta, replicó sonriente:
«Hágame saber si el gran Troward la acepta como su discípula», y me dio las buenas
tardes. Acudí apresuradamente a mi habitación para enviarle un telegrama a Troward
dándole la respuesta a la pregunta sobre el versículo 16 del capítulo 21 del
Apocalipsis.
Recibí una respuesta inmediata de Troward, que decía: «Su respuesta es
correcta. Estoy iniciando un curso de conferencias sobre la Gran Pirámide en Londres.
Si desea asistir a ellas y si, más adelante, todavía quiere estudiar conmigo, creo que
podemos organizado». Al recibir esta respuesta, inmediatamente hice los preparativos
para viajar de París a Londres.
Asistí a todas las conferencias, y recibí una gran instrucción de ellas, y poco
después empezamos con los preparativos para que yo pudiera estudiar con Troward.
Dos días antes de marcharme a Cornualles recibí la siguiente carta de Troward
indicando claramente la línea de estudios que me daba:

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31 Stanwick Road,
W. Kensinton, Inglaterra
8 de noviembre de 1912
Querida Sra. Behrend:
Creo que es mejor que le escriba unas líneas sobre su propuesta de
estudiar conmigo, ya que lamentaría muchísimo que hubiese entendido algo
erróneamente y, por ende, sufriera una decepción.
Llevo varios años estudiando el tema y tengo un conocimiento general de las
principales características de la mayoría de las materias que, desafortunadamente,
ocupan la atención en muchos círculos actualmente, como la teosofía, el tarot, la
cábala y otros del estilo, y no dudo en decir que, a mi juicio todos los tipos y las
descripciones de los llamados estudios ocultos son directamente opuestos a la
verdad real, dadora de vida, y por lo tanto, usted no debe esperar que mis
enseñanzas vayan por esos senderos.
Actualmente oímos hablar mucho de la iniciación, pero, créame, cuanto más intente
usted convertirse en una «iniciada», más dejará usted de vivir la vida. Hablo tras
varios años de cuidadosos estudios y reflexión cuando digo que la Biblia y su
revelación de Cristo es lo único que realmente vale la pena estudiar. Ese es un tema
lo suficientemente extenso en toda conciencia, pues abarca nuestra vida externa y
nuestros asuntos cotidianos y también las fuentes internas de nuestra vida y todo lo
que, en términos generales, podemos concebir de la vida en lo invisible después de
desprendernos del cuerpo al morir.
Usted ha expresado un alto grado de confianza en mis enseñanzas, y si su
confianza es tal que, como dice, desea ponerse completamente bajo mi orientación,
no puedo más que aceptarlo como una responsabilidad muy seria, y tendré que
pedirle que muestre esa confianza al negarse a examinar los así llamados
«misterios», pues ahora le prohíbo que lo haga.
Estoy hablando desde la experiencia, pero el resultado será que muchas de mis
enseñanzas parecerán muy simples, quizás en alguna medida dogmáticas, y usted
dirá que ya había oído gran parte de ellas antes.
La fe en Dios, la oración y la adoración, acercan al Padre a través de Cristo; todo
ello, en cierto sentido, le resultará familiar, y lo único que puedo esperar hacer es,
quizás, arrojar un poco más de luz sobre estos temas para que puedan ser para
usted, no meramente palabras tradicionales, sino también realidades vivientes.

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He sido así de explícito porque no quiero que se lleve ninguna desilusión, y
también debería decir que nuestro llamado curso de estudios serán sólo unas
conversaciones amistosas en las ocasiones en que nos vaya bien, ya sea para que
usted venga a nuestra casa, o yo a la suya, según sea más conveniente en ese
momento.
Además, le prestaré algunos libros que la ayudarán, pero son muy pocos y no son
ocultos en ningún sentido.
Ahora bien, si todo esto concuerda con sus ideas, estoy seguro de que estaremos
encantados de verla en Ruan Manor y usted verá que los que aquí residen, aunque
son pocos, son muy amigables, y el barrio es muy bonito.
Pero si, por otro lado, siente que quiere alguna otra fuente de aprendizaje, no dude
en decirlo, pero jamás encontrará a ningún sustituto de Cristo.
Confío en que no le importará que le haya escrito de esta forma, pero es que no
quiero que venga hasta Cornualles y luego se sienta decepcionada.
Con afectuosos saludos,
Le saluda cordialmente,
(firmado) T. TROWARD
A mi modo de ver, esta copia de la carta de Troward es lo más magnífico que puedo
darte.

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Capítulo 11
Cómo llevar el poder de tu palabra a la acción
En todas tus palabras está el germen del poder que se expande y se proyecta en la
dirección que tu palabra indica, y finalmente se desarrolla convirtiéndose en una
expresión física. Por ejemplo, si deseas establecer la alegría en tu conciencia,
simplemente repite la palabra «alegría» de forma secreta, persistente y enfáticamente.
El germen de la alegría se empezará a expandir y a proyectar hasta que todo tu ser
estará lleno de alegría. Esto no es una mera quimera, sino una verdad. Una vez que
experimentas este poder, «demostrarás a diario que estos hechos no han sido
fabricados para encajar en una teoría, sino que la teoría ha sido creada mediante una
cuidadosa observación de la realidad». Todo el mundo sabe que la alegría proviene
del interior. Otra persona puede causarte alegría, pero nadie puede estar alegre por ti.
La alegría es un estado de conciencia, y la conciencia, dice Troward, es «mental».
Las facultades mentales siempre funcionan por algo que las estimula, y ese
estímulo puede venir del exterior, a través de los sentidos externos, o del interior,
mediante la conciencia de algo no perceptible en el plano físico. El reconocimiento de
esta fuente interior de estímulo te permite traer a tu conciencia cualquier estado que
«desees». Una vez que algo te parece normal, es tuyo con toda seguridad, por la ley
del crecimiento y la atracción, del mismo modo que es tuyo conocer la suma una vez
que tienes el uso consciente de los números.
Este método de repetir la palabra hace que la palabra en todo su significado
ilimitado sea tuya, porque las palabras son la personificación de los pensamientos, y el
pensamiento es creador: no es ni bueno ni malo, simplemente es creador. Éste es el
motivo por el cual la fe construye y el miedo destruye. «Sólo con creer, todas las cosas
son posibles para ti.» Es la fe la que te da el dominio sobre todas las circunstancias o
condiciones adversas. Es tu palabra de fe la que la que te libera, no la fe en una cosa
o un acto específicos, sino la simple fe en tu mejor yo en todos los sentidos. Es este
poder creador siempre presente dentro del corazón de la palabra el que hace que tu
salud, tu serenidad de ánimo y tu situación económica sean una reproducción de tus
pensamientos más habituales. Intenta creer y comprender esto, y descubrirás que eres
el maestro, o la maestra, de toda circunstancias o condición adversa, un príncipe de
poder.

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Capítulo 12
Cómo incrementar tu fe
Pero tú preguntas: «¿Cómo puedo hablar de la palabra fe cuando tengo poca o ninguna
fe?». Todo ser vivo tiene fe en algo o en alguien. Es la cualidad de la energía
creativa en el pensamiento positivo de fe lo que le confiere vitalidad, no la forma que
adopta. Incluso el miedo intenso está vivo por la fe. Tienes miedo a la viruela porque
crees que es posible que la contraigas. Temes la pobreza y la soledad porque crees
que son posibles para ti
Es tu tendencia de pensamiento habitual que reaparece en tu mente, tu cuerpo y
tus asuntos, no el pensamiento ocasional en alguna dirección o deseo específicos. Es la
fe que comprende que cada creación ha nacido en el vientre de las palabras y el
pensamiento la que te da el dominio sobre todas las cosas, incluido tu yo inferior, y
este sentimiento de fe aumenta y se intensifica cuando observamos lo que hace.
Esta observación es la observación de tu estado de conciencia cuando lo hiciste, no
cuando tuviste la esperanza de hacerlo, pero temiste que fuera demasiado bueno para
ser verdad. ¿Cómo te sentiste en esa ocasión en la que simplemente tuviste que
entrar en un mejor estado de ánimo y lo hiciste, o quisiste tener una determinada cosa
y la conseguiste? Vuelve a vivir esas experiencias una y otra vez (mentalmente) hasta
que realmente sientas que estás en contacto con el yo que conoce y sabe, y lo mejor
de lo mejor es tuyo.

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Capítulo 13
La recompensa de la fe creciente
Puesto que has expandido tu fe en la fe y las leyes del universo que no conocen el
fracaso, tu fe en lo mejor de ti (el principio de vida ti) te ha llevado a darte cuenta
conscientemente de que no eres una víctima del universo, sino parte de él. En
consecuencia, dentro de ti está aquello que es capaz de establecer un contacto
consciente con el principio universal de la ley y el poder, y te permite presionar a todas
las leyes particulares de la naturaleza, ya sean visibles o invisibles, para que sirvan a tu
exigencia o deseo particulares y, por lo tanto descubres que eres un maestro, no un
esclavo, en cualquier situación.
Troward nos dice que este dominio debe «conseguirse mediante el conocimiento, y
el único conocimiento que proporcionará este fin en toda su inmensidad
inconmensurable es el conocimiento del elemento personal en el espíritu universal» v
su reciprocidad en nuestra propia personalidad. En otras palabras, las palabras que
piensas, la personalidad que sientes que eres, son todas reproducciones en miniatura,
o Dios especializado, o «espíritu universal». Todas tus palabras-pensamientos fueron
palabras-formas de Dios antes de ser tuyas.
Las palabras que utilizas son los instrumentos, los canales por los cuales la energía
creativa toma forma. Naturalmente, este poder creador sensible sólo puede
reproducirse de acuerdo con el instrumento por el que pasa. Todas las decepciones y
los fracasos son el resultado de intentar pensar una cosa y producir otra. Eso es tan
imposible como lo sería utilizar un ventilador eléctrico con la finalidad de iluminar, o
hacer que el agua fluya en línea recta por una tubería doblada.
El agua debe tomar la forma de la tubería por la que fluye. De una forma incluso más
fiel, esta sustancia sensible, invisible y fluida debe reproducir externamente la forma
del pensamiento-palabra por el que pasa. Ésta es la ley de su naturaleza; por lo tanto,
se sigue lógicamente que «como un hombre piensa, así es él». De ahí que cuando tu
pensamiento o forma-palabra está en correspondencia con el movimiento eterno
constructivo, que avanza, de la ley universal, entonces tu mente es el espejo en el que
el poder y la inteligencia infinitos del universo se ven reproducidos, y tu vida individual
se convierte en una vida de armonía.

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Capítulo 14
Cómo hacer que la naturaleza te responda
Se debería tener continuamente presente que hay una inteligencia y un poder en toda la
naturaleza y en todo el espacio que es siempre creativa e infinitamente sensible, y que
responde. La capacidad de respuesta de su naturaleza es doble: es creativa y sensible
a la sugestión. Una vez que el entendimiento humano ha comprendido este dato tan
importante, se da cuenta de la simplicidad de la ley de la vida.
Lo único necesario es que te des cuenta de que tu mente es un centro de operación
divina y, en consecuencia, tiene en su interior aquello que acepta sugestiones. Espera
que la vida responda a tu llamada y encontrarás sugerencias que tienden a que la
realización de tu deseo llegue a ti, no sólo proveniente de otras personas, sino también
de las flores, el césped, los árboles y las rocas, y que te permitirán realizar tu más ansiado
deseo si actúas en consecuencia con confianza en este plano físico. «La fe sin
palabras está muerta», pero la fe con obras te libera completamente.

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Capítulo 15
La fe con obras. Lo que ha conseguido
Se dice de Tyson, el gran millonario australiano, que la sugestión «haz que la tierra
desértica de Australia florezca como una rosa» le llegó de una modesta y pequeña
violeta australiana mientras trabajaba como jardinero por unos tres chelines al día. El
solía encontrar estas pequeñas violetas amigables que crecían en ciertas partes de los
bosques, y algo en la flor le tocó en la mente de Tyson, y él se sentaba en el borde de
su litera por las noches y se preguntaba cómo se podría dar a las flores, y a la vida
vegetal la oportunidad de expresarse en las tierras desérticas de Australia.
Sin duda, Tyson era consciente de que tardaría mucho en ahorrar el dinero
necesario para poner diques de riego en las tierras desérticas, pero en sus
pensamientos y sentimientos estaba seguro de que se podía conseguir, y si podía
hacerse, él podía hacerlo. Si había un poder en su interior que fuera capaz de
capturar la idea, entonces debía de haber un poder de respuesta en la idea misma
que podía convertirse en una manifestación física práctica. Con determinación, Tyson
dejó de lado todas las preguntas acerca de las maneras y los medios específicos que
serían empleados para llevar su deseo a la manifestación física, y simplemente
mantuvo sus pensamientos centrados en la idea de construir cercas y ver flores y
césped ahí donde no existían.
Dado que la capacidad de respuesta del poder creador reproductor no está
limitada a ningún estado local de la mente, la meditación habitual y la imagen mental
de Tyson dejaban libres a sus ideas para que éstas vagaran en una infinitud y
atrajeran otras ideas de una naturaleza semejante. Por lo tanto, no fue necesario que
él esperara para ver sus ideas y sus deseos realizados, hasta haber ahorrado de sus
tres chelines diarios el dinero suficiente para regar las tierras, porque sus ideas
encontraron otras ideas en el mundo financiero que armonizaban en simpatía con
ellas, y las puertas de las finanzas se abrieron rápidamente.

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Todas las instituciones caritativas se mantienen sobre el principio de la capacidad
de respuesta de la vida. Si esto no fuese cierto, nadie se preocuparía por dar,
simplemente porque otro lo necesitara. La ley de la oferta y la demanda, causa y
efecto, no se puede romper jamás. Las ideas atraen ideas semejantes. A veces
vienen de una flor, un libro o de lo invisible. Estás sentado o caminando, absorto en
una idea no del todo completa en cuanto a las maneras y los medios de realizarla, y
entonces aparece otra idea, que nadie sabe de dónde viene, y es recibida por tu
idea, atrayéndose la una a la otra, y así sucesivamente hasta que tus deseos son
realidades físicas.
Quizás sientas la necesidad de una mejora en tus finanzas y te preguntes cómo
se puede producir ese incremento, cuando, súbitamente, desde tu interior parece
llegarte la idea de que todo tiene su origen en el pensamiento, incluso el dinero, y
tus pensamientos cambian de rumbo. Simplemente te agarras a la declaración o la
afirmación de que lo mejor, y todo lo que existe, es tuyo. Puesto que eres capaz de
capturar ideas del infinito a través del instrumento de tu intuición, deja que tu
mente descanse en ese pensamiento, sabiendo perfectamente bien que ese
pensamiento responderá a sí mismo. Tu inhibición del pensamiento de duda y del
sentimiento de ansiedad permite que las ideas tranquilizadoras se instalen y atraigan
hacia si ideas de «yo puedo» y «yo lo conseguiré”, que gradualmente se convierten
en la forma física del deseo que está en la mente.
En el uso consciente del poder universal para reproducir tus deseos en la forma
física, se debería tener en cuenta tres datos:
Primero: Todo el espacio está lleno de poder creador.
Segundo: Este poder creador es sensible a la sugestión.
Tercero: Sólo puede funcionar con métodos deductivos.
Como nos dice Troward, este último punto es sumamente importante, ya que
implica que la acción del poder creador siempre presente no está limitada en absoluto
por lo precedente. Obra de acuerdo con la esencia del espíritu del principio. Dicho de
otro modo, este poder universal toma su dirección creadora de las palabras que tú le
das. Cuando el ser humano toma conciencia de esta gran verdad, se convierte en lo
más importante de toda su consideración sobre de qué carácter está investido este
poder reproductor sensible. Es la ley inalterable de este principio de vida creador que
«Como un hombre piensa en su corazón, así es él». Si te das cuenta de la verdad de
que el único poder creador puede ser para ti únicamente lo que tú sientes y piensas

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que es, estará dispuesto y preparado para cumplir con tus exigencias.
Troward dice: «Si crees que tu pensamiento es poderoso, entonces tu pensamiento
es poderoso». «Como un hombre piensa en su corazón, así es él» es la ley de la vida,
y el poder creador no puede cambiar esta ley, del mismo modo que un espejo
corriente no puede devolverte el reflejo de una imagen distinta del objeto que colocas
frente a él. «Como tú piensas, así eres» no significa «como le dices a la gente que
piensas», o «como te gustaría que el mundo creyera que piensas». Se refiere a tus
pensamientos más íntimos, a ese lugar que sólo tú conoces. «Nadie puede conocer al
Padre, excepto el hijo» y «Nadie puede conocer al hijo, excepto el Padre».
Solamente el espíritu de la vida, creador y reproductor, sabe lo que piensas, hasta
que tus pensamientos se convierten en realidades físicas y se manifiestan en tu
cuerpo, en tu cerebro o en tus asuntos. Entonces todas las personas con las que
entras en contacto pueden saberlo, porque el Padre, la energía creadora inteligente
que escucha en secreto, escucha tus pensamientos más secretos, te recompensa
abiertamente y reproduce tus pensamientos en la forma física. La frase «Mientras
piensas, sabes que en eso te convertirás» debería mantenerse en el fon de tu mente
constantemente. Eso es observar y rezar sin cesar, y cuando no te sientes con fuerzas
para rezar físicamente.

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Capítulo 16
Sugerencias sobre cómo rezar o pedir creyendo que ya has recibido
Pensar científico. Pensamiento positivo
Sugerencias para la aplicación práctica:
Intenta, mediante un pensamiento cuidadoso, positivo y entusiasta (pero no agotador),
darte cuenta de que la sustancia indescriptible, invisible, de la vida llena todo el
espacio, y de que su naturaleza es una sustancia inteligente, plástica y subjetiva.
Las cinco de la mañana es la mejor hora para entrar en este tipo de meditación. Si
te acuestas temprano todas las noches durante un mes, antes de quedarte dormido,
graba firmemente en tu mente subjetiva la afirmación, «Mi Padre es el gobernante
de todo el mundo y está expresando su poder de mando a través de mí», descubrirás
que la sustancia de la vida toma forma en los moldes de tus pensamientos.
No aceptes la sugerencia de arriba simplemente porque te ha sido dada. Vuelve a
pensar en ella detenidamente hasta que quede grabada en tu mente subconsciente de
una forma comprensible. Levántate cada mañana a las cinco, tal como se sugirió
antes; siéntate en una silla de respaldo recto, en una habitación silenciosa, y piensa la
afirmación de la noche anterior. Tomarás conciencia de tu poder magnífico y lo podrás
poner en práctica, dándote cuenta, al menos en cierta medida, de que tu mente es
realmente el centro a través del cual toda la energía creadora y el poder están
tomando forma.
Oración científica
El principio que subyace a la oración científica
Al rezar para cambiar una condición, física, mental o económica para ti o para otra
persona, ten presente que la necesidad fundamental para que la oración sea
respondida es comprender la siguiente afirmación científica:
«Pedid creyendo que ya habéis recibido y recibiréis».
Esto no es tan difícil como parece en la superficie, una vez que te das cuenta de que
todo tiene su origen en la mente y de que ya posees aquello que buscas en el exterior.
Nadie puede pensar un pensamiento en el futuro. Tu pensamiento de algo constituye

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su origen.
Por lo tanto:
La forma-pensamiento de la cosa ya es tuya en cuanto piensas. Tu continuo
reconocimiento de esta posesión de pensamiento hace que el pensamiento se
concentre, se condense para proyectarse y adoptar una forma física.
Hacerse rico a través de la creación
El reconocimiento o la idea de nuevas fuerzas de riqueza es la aspiración más
elevada que puedes llevar a tu corazón, ya que supone e implica el fomento de todos
los objetivos nobles.
Elementos a recordar acerca de la oración para ti o para otra persona: recuerda
que aquello a lo que llamas tratamiento u oración no es, en ningún sentido,
hipnotismo. Jamás deberás procurar tomar posesión de la mente de otra persona.
Recuerda que nunca deberías tener la intención de hacerte creer algo que sabes que
no es verdad. Simplemente estás pensando hacia el interior de Dios o la primera causa,
con la comprensión de que:
«Si algo es verdad, hay una manera en que es verdad en todo el universo».
Recuerda que el poder del pensamiento funciona por unos principios absolutamente
científicos. Estos principios se expresan en el lenguaje de la afirmación:
«Como un hombre piensa en su corazón, así es él».
Esta afirmación contiene una gran sabiduría, pero es necesario el
reconocimiento y la cuidadosa aplicación de la misma por parte de la persona para
poder darle un uso práctico.
Recuerda que tu libertad para elegir lo que vas a pensar, exactamente qué posesión
de pensamiento vas a afirmar y a declarar constituye un regalo que Dios te hace.
Muestra… que la Primera Causa ha dotado a cada persona con el poder y la
habilidad para traer a su entorno personal cualquier cosa que elija. Causa y efecto en
lo referente a conseguir:
Si plantas una bellota, obtienes un roble. Si plantas un grano de maíz, cosechas un
tallo y muchos granos de maíz. Siempre obtienes la manifestación de aquello que
afirmas y declaras consciente o inconscientemente, lo que habitualmente dices y
esperas, en otras palabras «lo que siembras».
Por lo tanto, siembra semillas de yo soy… yo debo… yo puedo… yo me daré
cuenta de que porque tú eres, tú debes, porque tú debes, tú puedes, porque tú
puedes, tú lo haces.

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La manifestación de esta verdad, incluso en un pequeño grado, te proporciona la
comprensión indiscutible de que el dominio es tu derecho, eres un heredero de la
Primera Causa, dotado de todo el poder que ella tiene. Dios te lo ha dado todo. Todo
es tuyo, y sabes que lo único que tienes que hacer es alargar tu mano mental y
tomarlo.
Esta fórmula puede servir como un diseño para dar forma a tu propia oración o
afirmación a Dios para el beneficio de otra persona, o el tuyo.
Si es para una persona a la que quieres ayudar, di su nombre de pila y luego
aparta totalmente su personalidad de tu conciencia.
Intensifica tu pensamiento meditando sobre el hecho de que hay algo en ti que
encuentra el camino, que es la verdad y la vida.
Estás afirmando este hecho, convencido de que, puesto que estás pensando esto,
ya es tuyo. Habiendo elevado tu sentimiento a la idea central de esta meditación,
examina tu propia conciencia para ver si hay alguna cosa distinta de Dios. Si hay algún
sentimiento de miedo, preocupación, malicia, envidia, odio o celos, vuelve a tu
meditación para limpiar tus pensamientos mediante la afirmación de que el amor y la
pureza de Dios llenan todo el espacio, incluidos a tu corazón y tu alma.
Reconcilia tus pensamientos con el amor de Dios, siempre recordando que estás
hecho a imagen y semejanza del amor.
Mantén este pensamiento limpiador en tu mente hasta que sientas que has
liberado totalmente a tu conciencia de todos los pensamientos y sentimientos que no
sean de amor y unidad con toda la humanidad.
Luego, si las negaciones no te molestan, niega todo lo que sea distinto de tu
manifestación deseada. Una vez conseguido esto, prácticamente cubres tu negación
con el pensamiento afirmativo de que estás hecho a imagen y semejanza de Dios y que
tu deseo ya se ha realizado en su primera forma espiritual o de pensamiento.
Elegir la oración
La oración como método de pensamiento es un uso deliberado de la ley que te
proporciona el poder del dominio de todas las cosas que tienden a impedir, de alguna
manera, tu perfecta libertad. Se te ha dado la vida para que puedas disfrutarla de una
forma cada vez más plena. El continuo reconocimiento de esta verdad hace que te
declares un príncipe de poder.
Reconoces, aceptas y usas este poder como el hijo de un rey y, por lo tanto, el
dominio es tu derecho de nacimiento. Entonces, cuando sientas que la luz de esta gran
verdad inunda tu conciencia, abre las compuertas de tu alma alabando sinceramente

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el hecho de comprender que… el creador y su creación son uno.
También, que el creador está creando continuamente a través de su creación.
Termina tu tratamiento con la feliz seguridad de que la oración que se ha realizado
no es una forma de súplica, sino una afirmación continua habitual de que el Creador
de toda creación está actuando específicamente a través de ti. Por lo tanto, el trabajo
debe hacerse a la perfección; tu mente es un centro de operación divina.
Consejos para la aplicación y la práctica
Por cada cinco minutos dedicados a la lectura y el estudio de las teorías de la
ciencia mental, dedica quince minutos al uso y la aplicación de los conocimientos
adquiridos.
1. Pasa un minuto cada veinticuatro horas pensando conscientemente en la
especificación que debe ser observada para que tus plegarias sean atendidas.
2. Practica el firme reconocimiento de la posesión de pensamientos deseables
durante dos períodos de quince minutos cada día. No sólo debes medir el tiempo
de cada período , para ver cuánto tiempo puedes mantener una idea dada en tu
visión mental, sino que también debes llevar un registro escrito de lo vívidas que
son las imágenes mentales que experimentas. Recuerda que tus sentidos
mentales son tan variados como tus sentidos físicos y que se pueden entrenar.
3. Dedica cinco minutos todos los días, entre las doce del mediodía y la una de la
tarde, a la búsqueda mental de fuentes de riqueza.

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Capítulo 17
Cosas que debes recordar
Recuerda que el más grande científico mental que el mundo ha conocido jamás
(Jesucristo, el Hombre) dijo que todas las son posibles para ti.
Además dijo que «Las cosas que yo hago tu las puedes hacer». ¿Dijo la verdad?
Jesús no afirmó ser más divino que tú. El declaró que toda la raza humana era hija
de Dios. Por nacimiento, el no era una «excepción» a esta regla. El poder que poseía
fue desarrollado mediante Su esfuerzo personal. Él dijo que tú podías hacer lo mismo,
sólo con creer en ti. Una gran idea carece de valor si no está acompañada de una
acción física. Dios da la idea; el ser humano la desarrolla en el plano físico.
Lo único que realmente vale la pena es la satisfacción. El dominio de uno mismo,
por sí solo, puede producirlo. El alma y el cuerpo son uno. La alegría de la mente es la
alegría del alma, y la alegría del alma significa la alegría del cuerpo.
Si deseas tener salud, observa tus pensamientos, no sólo sobre tu ser físico, sino
también tus pensamientos sobre todas las cosas y todas las personas. Con tu
voluntad, haz que estén de acuerdo con tu deseo y actúa externamente de acuerdo
con tus pensamientos. Pronto te darás cuenta de que se te ha dado todo el poder
sobre tus pensamientos y tus circunstancias. Tú crees en Dios. Cree en ti mismo como
el instrumento físico a través del cual Dios actúa. El dominio absoluto es tuyo cuando
tienes el suficiente dominio de ti mismo para conquistar las tendencias negativas de
los pensamientos y los actos.
Pregúntate a diario: «¿Cuál es la finalidad del poder que me trajo aquí?», «¿Cómo
puedo trabajar con propósito por la vida y la libertad en mí?».
Habiendo decidido estas cuestiones, dedícate a realizarlas a cada hora. Eres una
ley para ti mismo.
Si tienes la tendencia a excederte en algo, comiendo, bebiendo o culpando a las

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circunstancias de tus desgracias, conquista esa tendencia con la convicción interior de
que todo el poder es tuyo en el exterior. Come menos, bebe menos, culpa menos a las
circunstancias y, gradualmente, lo mejor de lo mejor irá ocupando el lugar que parecía
ocupar lo peor.
Recuerda siempre que todas las cosas son tuyas para que las uses como tú
desees. Puedes hacerlo si quieres, y si quieres lo haces.
Dios el Padre te bendice con todo lo que El tiene para dar.
Haz un buen uso de ello.
El motivo por el cual tuviste un mayor éxito cuando empezaste tus estudios y
demostraciones en la ciencia mental es que tu alegría y tu entusiasmo ante el simple
descubrimiento del poder interior fue mayor del que pudiste poner en tu comprensión
posteriormente. Con una comprensión cada vez mayor, pon cada vez más alegría y
entusiasmo, y los resultados serán los que corresponden.

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Chek Costa Rica